¿Hay un periodismo en primera persona?

Los ojos de Gaza. Así titula su libro Plestia Alaqad, una periodista palestina de 23 años autora de una crónica testimonial sobre cómo era la vida en su ciudad antes de los atentados del 7 de octubre de 2023 y en qué se convirtió su día a día cuando comenzó el ataque israelí sobre la Franja. Alaqad, que consiguió salir de Gaza a finales de ese año, recoge en el libro los hechos cotidianos, las historias de la gente corriente durante el primer mes de asedio. De ello y del genocidio aún en marcha habló con el periodista y director de comunicación de El País Pedro Zuazua en este encuentro virtual, que tuvo lugar entre Madrid y el Líbano, donde la periodista vive con la sensación de «estar atrapada». No puede volver a casa ni entrar en una larga lista de países: «Aunque logres salir de Gaza, sabes que no vas a tener libertad de movimiento y que tu historia no acaba cuando dejas la Franja». PEDRO ZUAZUA Plestia Alaqad es una periodista palestina de veintitrés años, autora de Los ojos de Gaza, un libro maravilloso y, sobre todo, certero, en el que no habla de política, sino de la…

Conversación entre Plestia Alaqad y Pedro Zuazua

Los ojos de Gaza. Así titula su libro Plestia Alaqad, una periodista palestina de 23 años autora de una crónica testimonial sobre cómo era la vida en su ciudad antes de los atentados del 7 de octubre de 2023 y en qué se convirtió su día a día cuando comenzó el ataque israelí sobre la Franja. Alaqad, que consiguió salir de Gaza a finales de ese año, recoge en el libro los hechos cotidianos, las historias de la gente corriente durante el primer mes de asedio. De ello y del genocidio aún en marcha habló con el periodista y director de comunicación de El País Pedro Zuazua en este encuentro virtual, que tuvo lugar entre Madrid y el Líbano, donde la periodista vive con la sensación de «estar atrapada». No puede volver a casa ni entrar en una larga lista de países: «Aunque logres salir de Gaza, sabes que no vas a tener libertad de movimiento y que tu historia no acaba cuando dejas la Franja».

Foto: Luis Varela

PEDRO ZUAZUA
Plestia Alaqad es una periodista palestina de veintitrés años, autora de Los ojos de Gaza, un libro maravilloso y, sobre todo, certero, en el que no habla de política, sino de la vida, de periodismo, de los hechos. Habla de lo que está sucediendo en Gaza, de los miedos, del ser humano, de la brutalidad, de la violencia, de todo lo que puede llegar a suceder y de cómo, de repente, todo se puede perder en la vida de una persona joven que un día está pensando en lo que va a estudiar y unos meses después en si va a sobrevivir al siguiente bombardeo.

Plestia Alaqad empezó a contar lo que estaba sucediendo y logró lo que siempre consiguen los grandes contadores de historias y los grandes periodistas: dar constancia de que, efectivamente,
los hechos, la humanidad, las historias y la manera de contarlas importa. Por eso, su voz empezó a escucharse y a resonar en millones de dispositivos móviles de todo el mundo a través de las redes sociales. Por eso, su voz se convirtió en Los ojos de Gaza, donde relata el primer mes de la agresión de Israel sobre Palestina después de los atentados de octubre y cuenta el día a día de la situación en la Franja de Gaza. Plestia, antes de nada, me gustaría preguntarte, en el sentido profundo de la expresión, ¿cómo estás? ¿Cómo están tus familiares, tus amigos? ¿Cómo está todo?

PLESTIA ALAQAD
Es una pregunta que se suele hacer a cualquier persona al conocerla. Pero, cuando eres palestino de Gaza, no es una pregunta fácil que puedas responder con un «bueno, bien», y seguir la conversación, porque no se puede estar bien sabiendo que las personas queridas, los amigos y familiares están sufriendo un genocidio. Estamos en una situación en la que la gente está debatiendo la terminología: si lo llamamos guerra o genocidio. Yo me pregunto: mientras mujeres, hombres y niños están muriendo en este mismo instante, ¿qué se está debatiendo?, ¿las palabras?

PEDRO ZUAZUA
En tu libro, lo primero que choca es conocer cómo era la vida en Gaza antes de la agresión. ¿Cómo se vivía allí antes de que todo cambiara?

PLESTIA ALAQAD
La vida en Gaza nunca fue normal. La historia no empezó en octubre de 2023. Ya vivíamos bajo ocupación antes, no se podía viajar, las fronteras se abrían y cerraban cuando lo decidían los israelíes… Yo tuve suerte, porque he podido viajar, aunque es muy costoso y difícil. Si vives en otro lugar, sencillamente compras un billete de avión y te vas, pero en Gaza siempre resulta muy complicado. Hay un día de la semana para que cada tipo de viajero solicite el permiso, luego puede que te lo concedan o puede que no. Los israelíes controlan todo lo que entra y sale de Gaza, incluso antes de octubre no podía entrar cualquier cosa en Gaza. No tienes el privilegio de hacer planes de ningún tipo.

Recuero que el 6 de octubre fui con mi amiga Yara a un restaurante llamado Level Up, situado en una azotea y desde el que se ve toda la ciudad. Nos quedamos mirando el cielo y la ciudad como si nos despidiéramos de Gaza. Nos dijimos que hay muchas oportunidades. Llevábamos nuestros ordenadores y empezamos la solicitud de un máster que decidimos hacer juntas. Al día siguiente empezaron los bombardeos. En cuanto tienes un plan, Israel tiene otros planes para ti. Ni siquiera tenemos ese privilegio tan básico de poder tomar decisiones.

 

PEDRO ZUAZUA
¿Cómo recuerdas la mañana del 7 de octubre de 2023, cuando empiezas a recibir mensajes con la noticia de que Israel ha empezado a atacar Gaza?

PLESTIA ALAQAD
Lo que más recuerdo de ese día es la tristeza que me provoca ahora pensar en la vida antes de ese momento, incluso aunque, como he dicho, no fuera una vida normal. No teníamos una vida aceptable antes, pero lo que ocurre ahora es tan terrible que la echamos de menos. Esa mañana del 7 de octubre estaba durmiendo. No suelo apagar el móvil mientras duermo, pero ese día lo tenía apagado y vi que me habían llegado muchas notificaciones, en las que decían que había bombardeos y que no había que ir al trabajo ese día. Estaba medio dormida, mientras me fueron llegando más y más mensajes. Leí las noticias. Me pregunté, ¿qué está pasando? Vi que los luchadores palestinos habían secuestrado a rehenes y me extrañó porque suele ser Israel quien secuestra rehenes. Me costó entender lo que decían los titulares. Salté de la cama, fui a la habitación de mi madre. Ella estaba hablando por teléfono. Era una llamada muy urgente, en la que estaba diciendo la lista de cosas que necesitábamos. Me asomé a la ventana de mi habitación y vi que había cola en el supermercado. Fui inmediatamente a la casa de mi vecina, que es una buena amiga, a ver qué pasaba allí. Todo esto sucedió en unos tres minutos, mientras intentaba procesar lo que ocurría. ¿Cómo era posible que ayer estuviera planificando un futuro y solicitando la beca para un máster y de pronto todo fuera diferente? Mi madre me dijo que se despertó porque pensaba que estaba lloviendo. Había ropa tendida afuera y se levantó a recoger la colada, pero resultó que la supuesta lluvia eran bombardeos. Me hizo pensar en cómo procesamos las cosas, en cómo podemos pensar que el sonido de los bombardeos sea el de la lluvia. En Gaza, tiramos de humor negro para vivir la situación que nos rodea y nos reímos de las cosas. Durante esa primera hora, se mezclaban muchas emociones contradictorias.

PEDRO ZUAZUA
En ese momento comenzó tu historia como periodista. A partir de entonces, empezaste a compartir contenidos sobre lo que estaba ocurriendo en Gaza. Tú ya eras periodista, pero te convertiste en una periodista de guerra.

PLESTIA ALAQAD
Recuerdo que antes del comienzo del genocidio hice dos reportajes de vídeo. Uno era una serie de entrevistas a mis amigas de la universidad sobre sus planes para después de la graduación. Se me ocurrió hacer ese reportaje porque acabar la carrera es un momento muy importante en la vida. Les pregunté cómo se sentían, si estaban sus familiares allí, cuáles eran sus planes de vida… Muy poco después, las preguntas que hacía a la gente eran sobre si habían bombardeado sus casas y hablaba con personas que habían perdido a toda su familia, las manos, las piernas…

Para mí, una estudiante recién licenciada en periodismo, fue muy difícil tratar de sobrevivir al genocidio al mismo tiempo que intentaba estar con la gente, contar sus historias, conectarla con organizaciones. Siento que aún no he procesado todo lo que nos ha ocurrido. Me cuesta mucho entenderlo, porque cuando estoy cerca de comprender algo, pasa otra cosa nueva. Sabía que estábamos bajo la ocupación, he vivido bombardeos, pero jamás en mi vida imaginé que los palestinos de Gaza iban a morirse de hambre, que la hambruna se utilizaría como arma de guerra. Es un genocidio en vivo y en directo. En la televisión vemos cómo matan a gente. ¿Cómo es posible que vivamos en un mundo en el que puede suceder algo así?

PEDRO ZUAZUA
¿Crees que tu tarea periodística es una forma de gestionar esas vivencias? ¿Contar las historias de Gaza al mundo es una manera de no estar pensando continuamente en el horror que estás viviendo?

PLESTIA ALAQAD
El hecho de ser periodista viene de un espíritu de responsabilidad, de querer ayudar a la gente. Pero ser periodista no te ayuda a gestionar lo que vivimos allí. No hay cómo gestionar el hecho de que Israel esté matando a tus mejores amigos.

 

PEDRO ZUAZUA

Durante ese mes de octubre, la situación empeoró muy rápidamente. Para aquellos que no hayan leído el libro, ¿puedes contar cómo fue tu primera visita al hospital? ¿Cómo consigues describir
las sensaciones que te asediaron al entrar en el hospital?

 

PLESTIA ALAQAD
Afortunadamente, nunca había tenido que ir al hospital antes. Lo primero que me impactó fue ver la bandera palestina cubierta de sangre. Iba por el pasillo, pero era difícil moverse porque estaba lleno de gente herida. Vi el vestido de una niña colgado en una escalera y recuerdo que me hizo pensar en que quizá se lo habían comprado para una fiesta y que ahora era la ropa con la que esa niña había llegado al hospital como una persona desplazada. Había más personas heridas que enfermeros o médicos, y mucha sangre. Se supone que en un hospital no tiene que haber sangre por el suelo ni en las paredes. Nunca en mi vida había visto tanta sangre como la que vi en octubre de 2023 dentro de ese hospital. Entonces, caí en la cuenta de que nunca antes había visto sangre. Ver sangre en las paredes, en el suelo, en las camisetas de la gente fue un trauma. Estaba por todas partes.

 

PEDRO ZUAZUA

En tu libro hablas de la vida cotidiana en Gaza y cuentas la relación especial que mantienen los palestinos con sus casas.

 

PLESTIA ALAQAD
Nuestra casa es todo lo que tenemos. Mi casa y la de mis abuelos maternos y paternos han sido bombardeadas. Tenemos fotos de cómo han quedado; están irreconocibles. Los palestinos tenemos una relación muy especial con nuestras casas, con nuestra tierra, con nuestro país en general. Sé que debajo de los escombros hay muchos recuerdos. También está esa sensación de seguridad que uno tiene en su casa. Ahora estoy viviendo en Líbano, donde estoy haciendo un máster, pero no me siento segura, no estoy en mi lugar. Cuando una está desplazada, no está en su casa. En Gaza sí me sentía segura, aunque estaba allí Israel, me sentía en casa.

 

PEDRO ZUAZUA
Me ha resultado especialmente conmovedora la escena del libro en la que cuentas que, después de un bombardeo, la gente vuelve a sus casas para ver si puede recuperar algo, por pequeño que sea, cualquier un recuerdo, una foto…

 

PLESTIA ALAQAD
Sí, esa es una tradición muy gazatí. Siempre que se bombardea una casa, suele irse al día siguiente para rebuscar entre los escombros y ver si se puede rescatar algo, como una foto o un libro. Sin embargo, eso supone vivir en la negación, en una mentira, porque casi nunca se encuentra nada y lo poco que aparece está destrozado, aplastado.

 

PEDRO ZUAZUA
Por otro lado, en Gaza se vive un proceso de evacuación permanente. Los gazatíes vivís en un espacio cerrado, en el que la población está obligada a desplazarse constantemente de un lado a otro…

 

PLESTIA ALAQAD
Es una sensación continua de inseguridad, de sentir que no tienes casa. ¿Qué puedo llevar en una sola bolsa? Ahora veo a los niños, a la gente mayor, a las mujeres andando con una sola bolsa. ¿Qué parte de tu vida se puede meter en una sola bolsa? Suponiendo que tienes una casa a la que volver, claro. Lo que tiene la evacuación es que es un proceso sin fin. No conozco a nadie en Gaza que no haya sido evacuado una y otra vez. Existe una terrible sensación de inseguridad.

 

PEDRO ZUAZUA
En tu libro también está presente el sentido del humor. Recuerdo una escena muy tierna en la que una niña pregunta por el estado de un burro, preocupada por el sufrimiento del animal. ¿Cómo sobrevive el humor en el desastre diario?

 

PLESTIA ALAQAD
El humor sobrevive porque es un mecanismo de defensa, una forma de seguir siendo humano. No se puede aguantar tanto sufrimiento y desplazamiento, hay que gastar bromas. No porque haya algo de lo que reírse, sino porque el humor negro también es una manera de sobrevivir, de sobrellevarlo. Lo que ocurre en Gaza es muy triste, pero hay que usar el humor como una forma de dar sentido a las cosas.

 

PEDRO ZUAZUA
Al final, las pequeñas cosas cotidianas, como cuando dices que te sentirías muy triste si el hombre que lleva la tienda de abajo de tu casa se muriera, son lo más conmovedor del libro.

 

PLESTIA ALAQAD
Existe una conexión muy especial entre la gente en Gaza. No la miramos solo por su profesión. Tenemos un vínculo muy especial, conocemos sus nombres, sus historias. En Gaza, todos nos vemos. A veces iba al supermercado, compraba mis cosas y al ir a pagar decía: «Uy, no tengo dinero suficiente». «Ah, bueno, te conozco, te fiamos», me decían siempre. Y al día siguiente pasaba a pagarle. En Gaza nos fiamos mucho los unos de los otros, porque vivimos muy cerca y nos conocemos. Las conexiones humanas son muy fáciles allí. Las historias que cuento en el libro son de los niños con los que jugaba o de una señora mayor a la que iba a visitar. Yo mantengo el contacto con todas esas personas, tengo sus números de teléfono. Y esto dice mucho sobre qué clase de conexión tenemos.

 

PEDRO ZUAZUA
Te brillan los ojos cuando hablas de Gaza. La verdad es que, en el libro, la ciudad de Gaza quizá no sea el personaje principal, porque hay muchos personajes, pero sí es uno de los más importantes, por lo que supone para ti. ¿Cómo es tu relación con la ciudad? ¿Cuánto la extrañas?

 

PLESTIA ALAQAD
El libro se titula Los ojos de Gaza. Me aseguré de incluir a Gaza en el título, también le dedico el libro: «El alma de nuestras almas. Todo lo que soy y todo lo que seré. Esta obra es para ti y por ti». Yo soy lo que soy por Gaza. Me siento triste, me siento de verdad triste, como todos los palestinos, porque no es la primera vez que bombardean nuestra ciudad. Solo tengo veintitrés años y he vivido ya cuatro agresiones más allá del genocidio. Lo he visto. Lo he visto cada vez. Casas bombardeadas, todo bombardeado. La ciudad vuelve a levantarse, pero esta vez es diferente; ahora se trata de un genocidio, es una limpieza total, no es comparable a nada de lo que he visto antes. Va más allá de cualquier experiencia anterior.

 

PEDRO ZUAZUA

Empezaste a hablar del genocidio al principio del libro. Y a medida que hablábamos en las conversaciones previas a esta que estamos teniendo aquí salió el tema de que, en España, la semana pasada los políticos estaban debatiendo sobre el uso de la palabra «genocidio». ¿Qué piensa de ese debate alguien que está sufriendo un genocidio?

 

PLESTIA ALAQAD
Ningún debate es válido cuando se está desplegando un genocidio ante los ojos de todo el mundo. Cuando algunas personas están decidiendo si hay que llamarlo «conflicto» o «genocidio», en Gaza la gente está sufriendo ese genocidio desde hace dos años. Por tanto, es desagradable, absolutamente vomitivo, que se siga debatiendo sobre la terminología. No deberíamos vivir en un mundo donde esta conversación está desarrollándose, no deberíamos vivir en un mundo donde se acepta el genocidio.

 

PEDRO ZUAZUA
¿Todavía esperas algo del mundo?

 

PLESTIA ALAQAD
Por supuesto, siempre voy a esperar algo del mundo. Porque todas y todos somos parte de él, vivimos en el mismo planeta. Así que, ¿cómo no tener esperanza? Es incluso desagradable vivir y no esperar nada del mundo. Pero lo cierto es que nadie debería estar bien, nadie debería aceptar estar en un mundo donde se está utilizando la hambruna como un arma o se está asesinando a un montón de gente. Creo que no soy la única que está iracunda por ello. Si eres humano, espero esa humanidad de ti, también espero que reacciones. Y hay mucha gente –esto me gusta recordarlo– haciendo muchísimas cosas, y todas las valoramos: las protestas, los estudiantes en los campus o las flotillas. Estas acciones están marcando una diferencia y lo valoramos mucho, incluso si no vemos los resultados. Mucha gente está asumiendo la responsabilidad de hacer algo, eso lo respetamos enormemente.

 

PEDRO ZUAZUA
Plestia, también sufriste la desinformación de la propaganda israelí. ¿Qué puedes decirnos sobre esta cuestión?

 

PLESTIA ALAQAD
Fue muy ridículo, pero también divertido, porque yo estaba en Gaza sobreviviendo a un genocidio, levantándome cada mañana, intentando hacer informes, intentando mostrar al mundo lo que estaba pasando. E Israel no tiene nada contra mí, nada, absolutamente nada. Empezaron a decir que yo tenía algo antisemita; solo era un colgante del mapa de Palestina. Era de mi abuela, que se lo dio a mi madre y mi madre me lo dio a mí, así que es más antiguo que el Estado de Israel. Me intimidaron e intentaron construir una historia a partir del colgante. Es terrible, por llevar un colgante que viene de mi madre palestina y por saber lo que significa, por saber cuál es el mapa de Palestina, aunque Israel siga cambiando el suyo, con la intención invadir y expandirse. Israel ni siquiera tiene un mapa fijo, cambia todo el tiempo. ¿Cómo puede un pequeño colgante con un mapa provocarles hasta ese punto? También publicaron un artículo sobre mí en 2023. Israel tenía una lista con un montón de periodistas. Me llamaban «la princesa de Hamás». Nunca he dicho nada de Hamás, nada. Mi única preocupación han sido los palestinos y la ocupación. De pronto, empezaron a escribir cosas sobre mí. Lo divertido es que no tienen nada para respaldar esas afirmaciones. Que me digan por qué soy «la princesa de Hamás», ¿porque estoy contando lo que pasa? Inventan historias absurdas. Con la edad, entiendes realmente hasta qué punto es patético lo que están haciendo.

 

PEDRO ZUAZUA
La prensa extranjera no puede entrar en Gaza. ¿Qué sabes de tus compañeros, los periodistas que se han quedado allí?

 

PLESTIA ALAQAD
No siempre puedo hablar con ellos; nos intentamos mandar mensajes, llamar. Siempre me dicen que no queda nada que decir. No pueden siquiera describir lo que están viendo. Se han quedado sin palabras. El otro día estaba hablando sobre la hambruna, sobre todo lo que está pasando, y mi compañero me dijo: «Es que ya no puedo hablar, no puedo ni siquiera salir y ver como mi gente se muere de hambre sin yo poder hacer nada al respecto. Lo único que puedo hacer es hacerles la foto e informar, pero es que ya ni siquiera puedo hacer eso». Es tan triste. La palabra «triste» se queda corta. Creo que ya hemos llegado a un punto donde no hay nada que decir para, digamos, transmitir. Todas las palabras se quedan cortas para describir lo que está pasando en Gaza.

 

PEDRO ZUAZUA
En el libro dices que tenías un «hábito melancólico»: mirar a los ojos de la gente con la que te cruzabas. ¿Por qué lo llamas «hábito melancólico»? De alguna manera, estabas transmitiendo, manteniendo su mirada, sus vidas.

 

PLESTIA ALAQAD
Es triste, solo miras a las personas porque no sabes si las volverás a ver. He visto con mis propios ojos a mucha gente gravemente herida, desfigurados, con el rostro irreconocible. Lo de tener un hábito melancólico lo digo cuando cuento la historia del único superviviente de un edificio donde vivían tres núcleos familiares. Le preguntaron: «¿Dónde está su familia?». Le preguntaron el apellido: «¿Eres de esta familia?». «No». «¿Eres de esta familia?». «No». «¿Eres de esta familia?». Estaba tan traumatizado que solo podía decir «no, no». Finalmente, le preguntaron, «¿eres de esta familia?», y empezó a hacer un gesto afirmativo con la cabeza. Ya sabíamos su apellido, así que nos pusimos a buscar a gente de la familia con este apellido. Llegó alguien, pensamos que era el tío. Decía: «Creo que estamos emparentados, pero es que ya no le reconozco, porque su rostro está desfigurado». Es una historia tan triste… Me hizo mirar a la gente, sus rostros, sus ojos, para intentar memorizar sus rasgos. Tenía miedo, pensaba ¿y si me levanto mañana, me encuentro con mi hermana y no la reconozco?

 

PEDRO ZUAZUA
¿Y qué les dirías a quienes dicen: «No, no me puedo quedar mirando estas imágenes de Gaza, prefiero no ver lo que está pasando, el horror, la gente muriendo»?

 

PLESTIA ALAQAD
Les diría que no deberían retirar la mirada, precisamente, porque tienen el privilegio de hacer scroll, de buscar otro post, de apagar la televisión. Esto no son las noticias, esto es la vida real, son personas reales. No pueden aguantar la mirada sobre la imagen cinco segundos, pero esta es la vida cotidiana de gente que ni siquiera puede irse de allí. Por ejemplo, cuando hago un post en Instagram sobre cómo bombardearon mi hogar, puedes dedicarle unos segundos, hacer un comentario, y eso es todo. Para mí no se acaba ahí. Gaza es la casa donde he vivido toda mi vida. Para ti quizá sea una noticia más, un titular más, otra casa bombardeada más. Para mí no es así, evidentemente.

 

PEDRO ZUAZUA

Recuerdo cuando cuentas en el libro que una vez te detuviste a ver en Instagram una imagen feliz, la única en medio de un paisaje de destrucción y caos. A pesar de que en tu vida las cosas han cambiado rápidamente, todo se ha precipitado hacia la muerte, el caos, la ira, los malos sentimientos y, al final, lo que llama tu atención es algo muy pequeño, una chispa de felicidad que te hace detenerte.

 

PLESTIA ALAQAD
Me alegra que te hayas fijado en eso. Estamos muy acostumbrados a entrar en las redes sociales y ver cosas como «mi amigo está de vacaciones», «mi amigo se licenció», «mi amigo se casó». Nosotros solíamos publicar esas imágenes, contarnos ese tipo de cosas. Sin embargo, en los últimos dos años, al entrar en las redes solo ves que tus amigos son asesinados, desplazados, que se mueren de hambre. Ya no hay otra cosa, no. Ese día, de pronto, vi un post normal y el post normal me hizo pararme y reflexionar. Me di cuenta de que mi feed estaba lleno de desplazamiento en lugar de imágenes de la vida corriente. Y eso me rompió el corazón, ver cómo había cambiado la vida de los palestinos. En mis posts de antes de octubre de 2023, se ve que me gustaba modelar, hacer fotografías, viajar cuando podía. Ese era mi contenido. Después de lo que ha pasado, verlo me rompe el corazón, porque me hace darme cuenta de hasta qué punto la vida es insegura ahora, cómo ha cambiado en un instante, en un abrir y cerrar de ojos.

 

PEDRO ZUAZUA
También planteas algo muy interesante en el libro sobre las historias que conocemos de cómo muere la gente. Estas historias son terribles, pero ¿qué pasa con las historias que no conocemos y que no conoceremos nunca?

 

PLESTIA ALAQAD
Un ejemplo de esto es el asesinato de la niña de cinco años Hind Rajab. Quizá conocéis su historia, la historia de cómo fue asesinada por el ejército israelí con 335 balas. Me alegra que la gente conozca esta historia. Pero hay muchas otras que, si nadie les presta atención, pasarán desapercibidas. A esa niña se la ha valorado después de haber muerto. No se valora a los palestinos cuando están vivos. No estoy culpando al mundo, pero es terrible. Los periodistas están muriendo, y son ellos quienes deberían contar estas historias. El número de periodistas asesinados en Gaza es mayor que el de los que continúan con vida.

 

PEDRO ZUAZUA
¿Qué esperas del futuro? ¿Cuáles son tus expectativas desde una perspectiva realista?

 

PLESTIA ALAQAD

Solo espero justicia.

 

 

 

ONLY IN GAZA / SOLO EN GAZA

Plestia Alaqad. Traducción: María Serrano Giménez

Only in Gaza;
You sleep counting rockets rather than stars.
You wake up, if you wake up, to the sounds of bombs rather than birds.

Only in Gaza;
You sleep not knowing if, or how, you’ll wake up.

In Gaza,
You sleep in your house,
And you wake up under the rubble.

In Gaza,
You sleep with your body parts whole,
And you wake up missing a hand or a leg.

In Gaza,
You sleep beside family and friends,
And the next day you are on your own.

Only in Gaza;
People celebrate birthdays while war echoes in the background, then
Welcome you into a tent with warm hands and a cup of tea.

Only in Gaza;
Despite the pain,
People remain.
Not just survivors,
But warriors.

 

 

 

Solo en Gaza;
Te duermes contando cohetes en lugar de estrellas.
Te despiertas, si te despiertas, con el sonido de las bombas y no el de los pájaros.

Solo en Gaza;
Te duermes sin saber si te despertarás, ni cómo.

En Gaza,
Te duermes en casa,
Y despiertas bajo los escombros.

En Gaza,
Te duermes con el cuerpo entero,
Y despiertas sin una mano o sin una pierna.

En Gaza,
Te duermes junto a tu familia y amigos,
Y al día siguiente estás sola.

Solo en Gaza;
La gente celebra cumpleaños mientras de fondo resuena la guerra, después
te reciben en una tienda de campaña con manos cálidas y una taza de té.

Solo en Gaza;
A pesar del dolor,
La gente permanece.
No solo supervivientes,
Sino guerreros.

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